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El crimen y el secreto del chef

Se ocultó entre iguales. Aunque no era responsable, sí había estado presente anoche en la escena del crimen y tenía por tanto más de una papeleta para levantar sospechas. Y "Erre" no estaba para interrogatorios. Las distancias cortas se le dan francamente mal. Sabía que debía desaparecer durante un tiempo y la mejor manera de hacerlo era mostrarse en público. La muerte de "Ese", por otra parte, ya no tenía remedio, pensó.

Subió a un restaurante -llamado AL REVÉS- para que se le viera bien. Estaba en el 121 de la Calle En parte. Una idea sin procesar le llevó hasta allí. Es a día de hoy uno de los restaurantes más conocidos y de moda del momento. Y las alcachofas, la especialidad. Cuenta la leyenda que entre sus hojas, "De", el chef, reparte ideas secretas que una vez arraigan en el estómago la sangre las pone en circulación y las transforma en ocurrencias filtradas. Ocurrencias que terminan mejorando y ampliando la materia mental de origen. Después, el resultado llega de nuevo al chef por boca de los propios portadores, que se lo 'cantan' involuntariamente con un lenguaje que solo "De" (re)conoce.

"Erre" no dudó en probarlas. En concreto la "Alcachofa horneada en prosa informativa". Cenó en la barra, junto a más personas que se dejaban ver; y algunas entrever. De este lote alguien le sugirió con la mirada -más un tic- que narrara lo ocurrido (el crimen) sobre una servilleta y al mismo tiempo pensara qué le había sugerido el sabor del plato. "Erre" se dejó llevar. Cogió una hoja en sentido figurado y escribió literalmente. La alcachofa hizo el resto.

Pasaron dos días hasta volver por inercia al AL REVÉS. No quería una mesa, sino una cerveza. Se la sirvó el mismo "De". Hablaron del proceso de creación de un contexto, de contraplanos y de platos con historia. "Erre" verbalizaba sin pensar mucho lo que decía. "De" ejercía de comadrón. Quería la renacida versión de lo suyo. En aquella "Alcachofa horneada..." había mucho invertido.

Un año después, 365 días de vida visualizada, "Erre" seguía sin recordar quién o qué mató a "Ese". Hasta que al leer un artículo sobre la nueva receta de "De", lo entendió. No era una alcachofa la protagonista de la nueva carta, sino su esencia presentada en fractales llamada así: "Esencia fractal de alcachofa vinculada". Entendió que no había habido crimen alguno. Ni "Ese" había muerto. 
 
Aquella noche colocó "sus cosas" sobre la mesa de la cocina. Troceó partes por el todo, probó sabores de distintas procedencias. Recuperó sensaciones del pasado para actualizarlas con licores del presente. Destiló secuencias y procedió con blues de fondo. Los vapores del momento le metieron en un profundo punto y coma, en cuyo fondo posaba una vieja ficción sobre "Ese" y el crimen que nunca resolvió por estar demasiado oculto.

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