Ir al contenido principal

LA MUJER DE ALCATRAZ


No recordaba nada igual desde El hombre de Alcatraz. Todo empezó al colocar un pequeño jazmín en la ventana, comprado en Ikea o en Leroy Merlín, ya no lo recuerdo. Martina Roma estaba encantada con el bienestar que entraba desde el patio interior, antes gris, gracias a la planta. Lo que no esperaba es que unos días después plantara su residencia bajo las ramas un audaz gorrión. Quien sin saberlo iba a convertirla en la mujer de Alcatraz... Sin prisión.
Nunca le han gustado las aves. No es que las odie, sencillamente considera que tienen que estar en su medio y no en el medio. Pero todo cambió con el aterrizaje no forzoso del gorrión dentro de quicio. Porque fue ella quien se puso en medio de un camino desconocido, el que empezó a recorrer cada mañana desde la cocina al salón para ponerle unas miguillas de pan.
Él al principio desconfiaba, pero pronto entendió que esa sombra al otro lado de la doble ventana no era hostil, al contrario, de ahí salía ese nuevo alpiste que desayunaba cada mañana. Ella no se cuestionaba lo que estaba pasando. Se dejaba disfrutar sirviendo sus miguillas y observando la alegría posterior del nuevo vecino. Ambos estuvieron en medio una temporada; hasta que él voló... Entonces ella aterrizó y se sintió extraña. Dejó el jazmín en su lugar, no quiso cambiar nada por si acaso... Pero Gorrión no regresó al medio.
Hoy, me cuentan fuentes vecinales, que Martina lo ha cambiado todo, menos los cambios. Ha plantado jazmines por todo el barrio y pregunta a jardineros y ornitólogos por su silvestre amigo; pero nadie sabe nada. Así que le queda mucho por aterrizar; contretamente la distancia entre ella y ella. Tiene miga la cosa, y más aún entender ese medio en el que quedó.
Salud!

Comentarios

Juana ha dicho que…
Te quedas en el medio de no se sabe donde, ni se sabe cuando, ni se sabe .... incertidumbre total, pero ¿no es eso la Vida al fin y al cabo? ....
Anónimo ha dicho que…
Miga es la que tiene esta preciosa historia, un placer leerla, tiene una música diferente.
Supongo que encontrarse en medio te deja en una especie de limbo en el que quieres volar y no puedes pero en el que el suelo no te sostiene como antes. Hay que moverse para recuperar el medio firme. Y no perseguir aves de paso. isa
Anónimo ha dicho que…
Un simple gesto, un pequeño cambio o una simple miga, bastan para crear costumbres que te cambian por dentro y aprendes a mirar el vuelo de un pájaro medio distinto.
M.
La Zapateta ha dicho que…
La competencia por estar en los medios es feroz. Por eso Gorrión voló, porque le hicieron un contrato millonario en Tele 5. Ahora se cree Águila y saca trapos sucios de Jilguero y Abutarda que se la tienen jurada.
Anónimo ha dicho que…
jajaja, qué gran vuelta de tuerca Zapateta!!.
CYBRGHOST ha dicho que…
Nuca sabe uno donde se puede encontrar a uno mismo. El peligro es que lo centres en lo que te lleva a ti y cuando el medio desaparezca lo confundas con el fondo.
Anónimo ha dicho que…
Vaya, parece que este era un gorriencito de altos vuelos!!! Preciosa historia, con jazmines y pájaros por medio y una protagonista en un principio segura que termina medio perdida. No hay nada mejor que un pequeño gorrión aterrice en medio de tu vida.

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza.

El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- el co…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…