Ir al contenido principal

Abandono de impresiones tras los párpados

Quería hablarme de UN INVENTO REVOLUCIONARIO, gritaba en el último mail que me envió. Pero hoy ha aparecido muerto en su piso... Sin síntomas de nada. Con todo por contarme. Ahora, con un nuevo mail suyo en mi bandeja de entrada y un documento adjunto titulado la aplicación, continúo con la historia. 
Pero antes de seguir, que no se me olvide un detalle importante: el protagonista fallecido se llama Carlo Padrón. Es... Era, perdón, un ingeniero de accesos a interiores. Tenía 40 años, y le había entrevistado hacía un mes porque quería hablarme, cito textualmente, de la "las cosas que se quedan en la retina". A priori me dio pereza el asunto, pero reconozco que sus palabras no tenían desperdicio y se convirtió en uno de los encuentros más interesantes de Periodismo ficción. Más adelante prometo colgar la entrevista entera. 
 En su cuerpo de mail no cabía cuerpo de jota y sí un tatuaje que describía con detalle su invento sui géneris: una máquina con soporte físico y alma virtual capaz de penetrar en los párpados de la humanidad y apropiarse de las imágenes que nunca se ven, pero que quedan impresas en la mente. Y en los archivos adjuntos guardaba una colección de impresiones de cientos de personas escogidas al azar. Impresiones abandonadas seguramente por esas personas. Imágenes irracionales llenas de sentido personal y olvidadas por necesidad.
   ...Prometo que le dedicaré espacio a Padrón. Era un personaje con tantas cosas que contar como espacio interior ansioso por recibir las experiencias de los demás. Esa era su virtud, su magia. Mientras hablabas con él perdías peso innecesario y ganabas kilos de aire renovado. Aquella visión fugaz de esa mujer agachándose en busca de una palabra no pronunciada por el señor que pasaba por ahí; ese gesto propio que sólo eres capaz de hacer frente al espejo; la mirada de aquella chica que nunca se dirigió a ti; la respuesta que nunca fuiste capaz de dar pero que sí imaginaste en... imagen; la preocupación visible de tu amigo ante la errónea decidión de otro amigo menos amigo; una flor marchita por la que no puedes hacer nada; un libro base que nunca leerás pero cuyos párrafos lo son todo para ti...
El sistema de Carlo no tenía fallos, era un cúmulo eficaz de resultados. Y en la parte oculta de una imagen sobreimpresa con un pie de página sobreescrito sin plasmar, pude leer el error. Entendiendo por "error" la pasarela llevó a la muerte al propio creador. Lo descubrí cerrando los ojos y apretando los párpados. Leí claramente la foto con la que nunca pensó Padrón encontrarse. Y en ella confesaba que no había vivido lo suficiente para imaginar una caída. Entonces tropezó con la oscuridad de su aplicación.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Este post incita a autoaplicarse el cuento para hacer inventario de las imágenes que podía habernos sacado de la retina Padrón con su invento. Una especie de 'me acuerdo' pero en fotos. "Imágenes irracionales llenas de sentido personal".

Me quedo con síntomas de algo. Sin nada más que contar. Pero con mucho que inventariar.

(Gracias por compartir este estupendo post)
Daniel Seseña ha dicho que…
Un placer. Y a inventariar!

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza.

El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- el co…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…