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Cabizbajo

Durante un tiempo pensé que Ramiro (el viejo loco de la idea fija) había cambiado de barrio, pero ayer le volví a ver. Venía caminando cabizbajo desde el final (o el principio) de la calle y no pude evitar preguntarle. Él no me conoce, sé quién es por lo que imagino que es, pero no por lo que es en realidad... De lo contrario 'esto' no sería Periodismo ficción. Se sorprende por tanto cuando me intereso por su mirada triste. Por supuesto me interesa qué le pasa, pero me puede más la curiosidad de conocer esa idea fija que alimenta su locura; la que yo imagino que le acompaña, claro. Como buen tipo que es me contesta. Sufre porque ha visto cómo la mujer de su vida ha pasado delante de él y no se ha parado. Metiéndome en el papel de Proust, le planteo una pregunta más: ¿Cuánto ha tardado en pasar desde el extremo de un ojo a otro? 

Se queda pensando un minuto -exacto- y resuelve el problema: Más o menos un año. Pienso por dentro: Aquí cada loco con su tiempo. Me invita a un café, nos sentamos en una mesa y pasamos de las sillas. Así al menos nos sentimos más sostenidos que acordes... a las normas. Charlamos, imaginamos, compartimos teorías y resolvemos fórmulas sin solución. Al final, el ingenuo muere, sentencia. ¿Y eso? Le pregunto. Porque las reglas del juego dicen que cuando ves pasar la vida de un ojo a otro sin pestañear durante un minuto (equivalente a un año en su mundo) te conviertes en ingenuo ante el abismo o en cartón piedra con alegría... Y yo, como ves, sigo siendo de carne y huesos tristes. Al concluír me entra una lástima incontrolable y al minuto, Ramiro tropieza con su propia estima y cae al abismo. Salgo cabizbajo... Poco después alguien me para y me pregunta por mi mirada triste.

Comentarios

grp ha dicho que…
Cuesta más comentar con la cabeza gacha, pero mirar hacia abajo tiene la ventaja de que no separas los ojos de lo lúcido e intuitivo que hay en PF: entre otros muchos hallazgos, esa 'carne y huesos tristes'

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